Tres casos que muestran el enorme potencial de los porcinos

El sector muestra un dinamismo que puede transformar la canasta de la oferta cárnica. Los historias de Los Duretti, El Hinojo y la pyme Chañar Ladeado.

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El nuevo gobierno ha abierto un nuevo escenario para la cadena agroalimentaria, en la cual la ganadería vacuna va a ser una de las vedettes, con una muy esperada reinserción en los mercados internacionales que, en la medida que mejore los resultados del negocio, moverá el punto de equilibrio con el mercado interno.

Y ahí aparece la cadena porcina con la gran oportunidad de ganar más terreno en la mesa de los argentinos y consolidar un consumo de carnes más parecido al que tienen los EE.UU. o Brasil, por citar solo dos ejemplos, donde la carne porcina tiene una penetración bastante mayor al 10 o 12% de nuestro país.

Los últimos doce o trece años han sido muy positivos para la cadena porcina. Las estadísticas oficiales así lo demuestran, pero en definitiva no son más que el reflejo de lo que está pasando tranqueras adentro de esta actividad. Tomemos un caso concreto. Darío Duretti, conocido en el ámbito de la política por su paso como presidente de la Comisión de Asuntos Agrarios bonaerense, es director de la Cabaña Los Duretti, en el partido de Bragado, dedicada a la genética porcina y bovina.

Con una tradición de más de 70 años, Duretti sostiene que entre 2000 y 2014 su operación creció 200 por ciento, y que ahora anualmente comercializa unos 250 machos y 1.500 hembras como reproductores. “El crecimiento se debe a los nuevos productores medianos y pequeños que encontraron en el porcino una manera de agregarle valor a sus granos, una política impulsada tanto desde la Nación como de la provincia de Buenos Aires”, señala.

El empresario no tiene dudas que a esta positiva evolución ayudaron mucho los últimos 5 o 6 años, durante los cuales la actividad porcina ha mostrado un margen económico positivo, lo cual se reflejó en el precio de los reproductores. Mientras hoy un reproductor de las razas Landrase o Yorkshire (las dos que más trabaja Duretti) ronda los $15.000, diez años atrás valía 2.000 pesos.

Apuntalado en la performance de estos años, y proyectando un sostenido crecimiento para los que vienen, el empresario está montando un centro genético para ingresar en la venta de semen, siguiendo un modelo de negocios similar al montado por Agricultores Federados Argentinos, que también está realizando una fuerte apuesta por este negocio operando desde la genética hasta la venta en mostrador.

El director de la Asociación Argentina de Productores Porcinos, Juan Uccelli, siempre ha manifestado que el crecimiento de la actividad en estos años ha sido pareja a lo largo de los distintos segmentos que componen la cadena, desde un megaemprendimiento como puede ser el de la Asociación de Cooperativas Argentinas en San Luis, al chacarero de cien hectáreas que busca diversificar su negocio.

En un punto intermedio se ubica El Hinojo SA, una empresa familiar agropecuaria de la zona de Victoria, Entre Ríos, principalmente dedicados a la producción agrícola en campos propios y alquilados, pero que en 2012 comienzan a estudiar la posibilidad de ingresar al negocio porcino con una escala mediana.

El proyecto se materializó en un criadero de 250 madres, que ya ha sido ampliado a 300, con la idea de duplicar esa capacidad en el corto/mediano plazo. Juan Pablo Cerini, uno de los miembros de El Hinojo, señala que la idea fue poner una muy buena tecnología, sin llegar a lo más sofisticado que ofrece hoy el mercado. Con un sistema de confinamiento, pisos con fosa para el manejo de las heces e inseminación artificial, entre otras características, el objetivo es que de cada madre se terminen produciendo al año 2.900 kilogramos de capón.

“La clave del negocio es la eficiencia”, apunta Cerini. Es que el resto del negocio lo constituyen variables que no son manejables. Por un lado, el precio del producto está vinculado de una u otra forma con el de la vacuna. “Es el techo”, señala. Por el otro, el valor del alimento, es decir los granos, están afectados por las fluctuaciones globales y los escenarios económicos locales, como la quita de los derechos de exportación o la devaluación, que afecta el costo del alimento en pesos.

Sin embargo, en los escenarios que maneja la empresa -que dicho sea de paso es parte del Crea Victoria- el mayor riesgo lo representa la entrada masiva de carne porcina desde Brasil.

Es que con la caída del sistema de declaraciones juradas de importación (DJAI), una política comercial más abierta y la desaceleración del mercado interno brasileño, el riesgo de que nuevamente el producto brasileño le marca la cancha al argentino es muy cierta.

En Monte Buey

Bernardo Piazzardi, consultor en agronegocios y profesor de la Universidad Austral, se encuentra asesorando al municipio de Monte Buey para la formación de un cluster porcino.
No se trata de una iniciativa pública, sino de llevar adelante un proyecto mixto, que junte a los principales actores de la cadena agropecuaria de la zona, con el apoyo del sector público y educativo, ya que la Escuela Agrotécnica local tiene una gran inserción en la comunidad.

Junto con el grupo del ingeniero del Inta Mario Bragachini, uno de los principales impulsores de la agregación de valor en origen, hubo primero un análisis de cuáles serían las alternativas para industrializar la producción primaria, de lo cual surgió la cría porcina, como la más viable.

De hecho, en esa localidad cordobesa ya opera una empresa porcina, con tecnología de punta y un plantel de 1.200 madres. Se trata de Isowean SA, que integra el ciclo productivo con una planta propia de elaboración de alimentos balanceados.

El objetivo del proyecto es potenciar a la región como cluster, integrando desde la agricultura hasta la faena y la industria del chacinado.

En Santa Fe, del criadero a la góndola

En lo localidad de Chañar Ladeado, Santa Fe, la familia Ghirardi-Castelli entendió que la rentabilidad en el negocio se encontraba de la mano de la integración.

Así es, tal como cuenta Martín Castelli, uno de los responsables del emprendimiento, hoy cuentan con un plantel de 120 madres, además de planta de produción de balanceados y por último cuentan con un local propio con el que llegan con la carne de cerdo en cortes frescos y procesados directamente al público.

“Venimos trabajando en el negocio porcino desde la década del 90 y vivimos todas las épocas, hoy la rentabilidad es muy buena pero la integración es fundamental para conseguir mejores números. Además somos una pyme 100% familiar ya que de los ocho integrantes que tiene la firma, siete son de la familia”, detalla Castelli. En este contexto la empresa ganó el segundo premio en la categoría “Actividad agropecuaria en la que se manifiesta la ingeniosidad empresaria” otorgado por el BBVA Frances.

La pyme de Chañar Ladeado tiene un plan de expansión muy importante para el 2016 ya que prevé asociarse a una empresa de Buenos Aires que posee carnicerias avícolas y en las que ellos sumarían la carne de cerdo. “Es un emprendimiento en el que venimos trabajando desde hace larga data, por lo pronto estamos gestionando un crédito para mejorar nuestras maquinarias destinadas al procesamiento de carne y así poder abastecer mejor a la futura demanda. La inversión rondaría los $300.000 en un inicio”, detalla Castelli.

Hoy la compañía desposta un promedio de 6 capones diarios tanto para corte fresco y elaboración de productos y fiambres, producen unos 55 kilogramos de milanesas por día, 15 de hamburguesas y 6 kilos de albóndigas. Pero claro, el objetivo es seguir creciendo porque según cuenta Castelli todavía hay mucho mercado por ganar.

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